HISTORIA DE UN BOHIO

Para alguien que no ha salido de su aldea, un bohío es tan grande como un planeta y sus pocos habitantes son tan numerosos como la población mundial; sus valles, ríos y montañas son los límites de la creación, las plantas y los árboles son los testigos de su cotidianidad, los riachuelos y los pájaros son la alegría en su inocencia; el cielo azul es la aspiración de todos sus sueños.

Esta es la historia de un bohío llamado Tierra: Hace mucho tiempo, solo registrado en libros no tridimensionales, hubo una conmoción cósmica, que estremecieron las entrañas de la creación. Fruto de un delito cósmico, parte de la esplendorosa estructura celeste sufrió la más catastrófica destrucción, quedando como vestigios lo que hoy conocemos como galaxias, sistemas solares con sus planetas, que son considerados como un modesto bohío frente a la grandeza inconmensurable de la Existencia.

Los grandes visionarios de la historia cuentan que en otras épocas los planetas, las montañas, los mares y los hombres eran inmensamente más grandes de lo que son ahora, y que han existido otras épocas en que los planetas, montañas, mares y hombres son inmensamente más chiquitos de lo que son ahora. Por eso no es una exageración las famosas historias de gigantes y las historias de seres diminutos como la de los habitantes de Liliput.

Estimado amigo estas cosas raras, aunque parecen desfasadas de la realidad, no lo son tanto. Los sabios tibetanos enseñan a sus discípulos que existen leyes que abrazan a todas las cosas. Hablan de una ley de explosión y otra de implosión. La ley de explosión inicia en el amanecer de la creación y a medida que avanza ese día cósmico todas las cosas van aumentando de tamaño hasta el ocaso de este día. El inicio de la noche cósmica marca la declinación del tamaño de las cosas y esta disminución aumenta hasta llegar el alba de un nuevo día, en donde inicia un nuevo ciclo de explosión de todo lo creado.

La tecnología de estos días ha convertido a este planeta en lo que los científicos llaman la aldea global. Lo bueno y malo que pasa al otro lado de la esfera lo conocemos en el mismo instante en que suceden. Oímos los

gritos de júbilo de los premios novel en Suecia y Noruega y tanmal los gritos de dolor de los presos políticos en Guantánamo. Nos atemorizamos ante el peligro del ébola y de una tercera guerra mundial que flota en el ambiente, pero también nos alegramos de muchísimos seres humanos sensibles, solidarios, despiertos que se trasnochan y velan para que la paz sea en este bohío

Estimado amigo no nos dejemos enredar por las redes, sociales o de cualquier tipo que sean, más bien apoyemos los hombros, estrechemos las manos, reunámonos en un solo pensamiento y tejamos un telar tan grande que abrase a toda la humanidad.

LEVIPETPOL

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