¿VER PARA CREER o CREER PARA VER?

Escrito por: Saimarigaua

  Dice el niño JOAV MORALES a su padre KELIUM ZEUS: – no encuentro la leña- Y el padre contesta: “la leña está en tu cabeza”. Y va con el niño en busca de la leña para el ahumador y efectivamente al poco tiempo la hallan.   Lo que llamamos realidad, está estructurada en base a nuestras experiencias sensoriales, como prueba crucial de lo que es real. Dice un adagio popular: “ver para creer” y si lo puedes tocar, entonces existe. Pero en la actualidad hay una crisis de percepción que proviene de la duda que esto sea así. Demos una rápida revisión a la mecánica de la percepción y como creamos lo que llamamos el universo físico o material que nos rodea.

Hay un término utilizado en sicología, llamado COMPROMISO COGNOCITIVO PREMATURO. Para entender el concepto, doy uno de los tantos ejemplos que se pueden hallar en la actualidad y que cualquiera puede verificar en su casa: Ubicar, si las puede cazar, claro está, unas moscas en un frasco grande con tapa. Dejar varios minutos y retirar la tapa y verá que el 99.9% de las moscas no pueden salir, porque en base a la experiencia sensorial, la mente cuerpo de las moscas, han hecho un compromiso consigo mismas, que ese es el límite de su universo, no pueden escapar de él, excepto una o dos pioneras que se las arreglan para salir.

Todos hacemos compromisos cognoscitivos prematuros, que estructuran nuestra realidad, de tal forma que lo que vemos y percibimos, es lo que nos enseñaron a ver básicamente.  El sistema nervioso se desarrolla como respuesta a los estímulos nerviosos, la percepción del mundo, y esa percepción configura un sistema de creencias, basado en lo que vemos y tocamos, en lo que oímos y olemos. Luego el sistema nervioso, desde esta perceptiva, tiene una sola función, reforzar el sistema de creencias. La mayoría de las personas en la actualidad, solo pueden captar menos de una millonésima de los estímulos presentes en su entorno, que pueden ser codificados por sus sistemas nerviosos. Si no pensamos que existe, ni siquiera lo vamos a ver. O sea que el dicho: “ver para creer” es al revés: “creer para ver”

Dicho de otra forma, si no se le puede oler, ver, tocar o gustar, no existe, porque nuestro sistema nervioso está programado para captar solo un fragmento de la realidad. Esa es la lógica por la que vivimos alienados y no podemos percibir el todo. Estos fragmentos de la realidad que percibimos, se han formado a raíz de los compromisos cognoscitivos prematuros que hemos hecho. Por el ejemplo. El ojo humano solo puede ver 3.77.90 billonésimas del espectro normal, todo lo que sobrepase esas longitudes de onda, no existe para nosotros. Así que lo que percibimos, no es exactamente la realidad, no es el aspecto real del mundo, es solamente nuestra forma de verlo. Esto se puede ilustrar en las diferentes especies animales: el perro huele un universo completamente diferente al nuestro y oye lo que no podemos oír, una serpiente siente su entorno más en infrarrojo. El murciélago se orienta durante su vuelo, mediante el eco del ultrasonido, las células del ojo de las abejas no pueden percibir los colores que los humanos percibimos, pero ven en la zona del ultravioleta: cuando la abeja mira una flor, no ve la flor, sino la miel a distancia. Los ojos del camaleón se mueven a lo largo de dos ejes diferentes, es inimaginable como ve este animal. Entonces, ¿cuál es el verdadero aspecto, la verdadera textura, el verdadero olor o sonido? Dice la física cuántica, que solo hay infinitas posibilidades coexistiendo al mismo tiempo y de estas infinitas posibilidades, nosotros estructuramos una realidad sensorial y si concordamos con ella, decimos que ahí tenemos la prueba de que existe. Un fisiólogo británico que ganó un premio nobel, dijo: no existen los colores en el mundo real, no hay texturas ni olores en el mundo real, ni belleza, ni fealdad, son todas realidades sensoriales, estructuradas en nuestra propia conciencia, creadas por la interacción.

Estas verdades nos dejan perplejos y entre más tratamos de entenderlas, más surgen interrogantes, por ejemplo: ¿Qué tanta claridad de percepción tenemos y cuál es la asertividad en las contestas y reacciones que tenemos ante lo que se presentan, como las circunstancias cotidianas?

Te dejo el beneficio de la duda y la inquietud para que sigas investigando en tu universo personal; ése, que tú has creado como una realidad fija para ti. Y por supuesto que yo también haré lo mismo.

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