Cuentos Infantiles Indígenas

Alejandro González. Mj Sorvali.

dibujos: Heveltadev y Alafkia

Porque  en la madre tierra encontramos

la más bella expresión del amor, la paz y la convivencia.

las grandes  historias siempre llegan de una forma sencilla, para que los sabios en cuerpo de niños aprendan el valor de la verdad

y puedan así , construir y reconstruir  la humanidad

te invitamos a caminar por las verdades que nos llevan hallar los tesoros de la luz. Alafkia

EL MICO Y LA ARDILLA

Cierto día, se encontraron el mico y la ardilla al pie de un árbol de corozo.

El mico le dice a la ardilla: tengo ganas de comer  corozos, pero están muy altos y el tronco está lleno de tunas.

La ardilla lo mira y le dice: yo soy más liviana  que vos, ¿ves esa ramita que da al árbol de corozo? A través de ella, puedo llegar a ellos y cogerlos.

Al oír esto, el mico se alegró mucho y  le dijo a la ardilla: si tú haces eso Yo te regalo este rico mango. Y  fue así  como, mico y ardilla cada uno  disfrutó de su fruta como símbolo de amistad y solidaridad.

EL TURPIAL Y EL SINZONTE

En la copa de un árbol, se encontraron el  turpial y el sinzonte; el primero le dice al otro: mira yo trino mejor que vos, mi canto retumba en la selva  y  gusta mucho.

Eso está muy bien, contestó el sinzonte; quizá yo canto mejor que vos, pero no, aquí no es de competir para medir cual es el mejor.

Envés de estar alardeando de nuestras capacidades, mas bien nos unimos para juntar nuestras voces, y, así juntos le cantamos a todos los que nos escuchen.

Mediante este acuerdo, turpial y sinzonte cantaron juntos y formaron un  gran dueto, logrando así, mucha fama a nivel mundial.

EL CIRIRÍ Y LA ABEJA

Estaba el cirirí sentado en una rama, mirando que insectos cazar; cuando de una colmena salió volando una enorme abeja. Inmediatamente el cirirí salió tras ella hasta alcanzarla y la tomó con el pico y ya se la iba a  tragar, cuando la enorme abeja le gritó suplicante: ¿hay Señor cirirí, no me vaya a comer, usted no sabe que yo soy la abeja reina y madre de esa colmena que está abajo? ¿Si me comes? Se quedaría huérfana esa colmena y se acabarán todas las abejas que son mi familia y usted se quedaría sin comida.

El cirirí, escuchó atentamente esta súplica, y fue así como le perdonó la vida a la abeja reina, quien regresó feliz a la colmena después de aparearse con su macho.

EL CUENTO DEL   SAPO

Oye sapo, usted porque no anda derecho envés de dar brincos, le dice en tono burlón el conejo. El sapo lo escucha atento y le contesta con tono enérgico, mira conejo atrevido antes de juzgarme escuche esta historia: hace mucho tiempo, el gallinazo ofreció una fiesta allá en lo más alto de la montaña para todas las aves. Yo quería ir a dicha fiesta, y como no podía volar, le dije a mi mujer que me metiera en un costal con mercado que regalaríamos al gallinazo. Preciso, el gallinazo se terceo el costal y así pude llegar a la fiesta y disfruté de ella.

Al regreso, aprovechando la borrachera del gallinazo me le aferré a su cuello, y cuando íbamos bajando, este se dio cuenta y desde lo mas alto me arrojó y yo caí sobre una enorme piedra, y por este tremendo golpe perdí mi cola y mi columna vertebral se quebranto totalmente, es por esto que no puedo caminar y escasamente doy brincos.

El conejo, después de escucharlo atentamente le dijo en tono regañón: ¡ah! eso le pasó por tramposo y por meterse donde no estaba invitado.

LA TORTUGA Y EL GUATIN

Un día se le acercó burlonamente el guatín a la tortuga: oye tortuga, ¿Qué haces hay tan quieta? ¿estás durmiendo o descansando? Porque yo fui a darle una vuelta al bosque y usted sigue casi en el mismo lugar. Mire, yo me recorro esta selva en un momento, para la velocidad soy el único. Yo soy capaz de ganarles la carrera a todos los animales que viven acá.

Eso está muy bien contestó la tortuga: mi cuerpo no está hecho para la carrera ni mis patas tampoco. Tu vida es afanada y tienes muchos enemigos que te persiguen para devorarte. En cambio mi vida es tranquila y serena.

Siendo yo tan lenta, hace muchos años le gané una carrera a tu pariente el conejo, ¿cómo? contestó el guatín. Si, así fue, dijo la tortuga. Y sabe  ¿Por qué le gané?: usted y su pariente en sus  carreras  alocadas  y desesperadas  en todos los momentos de sus vidas; no alcanzan a conocer la selva en toda su magnitud. En cambio yo, que voy tranquila y pausada,  tengo tiempo de conocer todo lo que hay a mi alrededor y visualizar los caminos mas cortos para llegar a un lugar. Ahora  sabes, ¿por que le gané a tu pariente?

EL CARPINTERO Y EL GUACAMAYO

Se le acerca el  Guacamayo al carpintero, y sobándolo le dice: uy, que cabecita tan linda y tan rojita tienes. El carpintero se queda mirándolo y le dice: pero usted no se queda atrás, mira ese plumaje multicolor que cubre su cuerpo, no tiene nada que envidiarme, con ese cuerpo que tienes debe conquistar muchas Guacamayas, no, eso no es así, contestó el guacamayo, yo solo tengo una sola compañera, me parece muy bien dijo el carpintero, pues yo también estoy en esas. Te cuento, dijo  el guacamayo, estos días voy a cruzar el mar, te invito. El carpintero contestó: no, no  puedo, porque estoy construyendo la casa para mi hijo que llegará pronto, ¿verdad? dijo el guacamayo, si quiere te ayudo dijo el guacamayo.  El carpintero le contestó: no, no puedes ayudarme porque usted no tiene la herramienta que yo tengo. Y ¿Cuál es esa herramienta? Dijo el guacamayo. El carpintero le respondió: este, señalando su pico. En ese momento el guacamayo quedó perplejo, y dijo: ay hermano carpintero, mi pico solo me sirve para destrozar las frutas que tomo para alimentarme; que lastima no poder ayudarte. El carpintero le contestó: gracias por tu buena intención

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