POR : VIPAS

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Hemos llegado a un momento social en que más incomoda el silencio que el ruido. Estamos asistiendo a la era del ruido.

Según la Organización Mundial de la Salud, más de 1.000 millones de personas en el mundo, entre los 12 y 35 años, corren el riesgo de perder la audición debido a la exposición prolongada y excesiva a sonidos fuertes, como por ejemplo el uso inapropiado de dispositivos de audio personales y  la exposición a sonidos nocivos en lugares como clubes nocturnos, bares, conciertos y eventos deportivos.

Los sicólogos dicen que el exceso de ruido agota la corteza pre frontal disminuyendo la capacidad de razonamiento y toma de decisiones.

En medio de este contexto, el silencio se presenta como una excelente alternativa de terapia saludable.

Ya  desde la antigüedad el silencio tenía gran importancia en los pueblos. En la mitología griega el dios del silencio se llamaba Harpócrates, entre los nórdicos Vidar y entre los romanos Angerona. El sabio Salomón en su libro Eclesiastés dice: “hay un tiempo para guardar silencio y otro para hablar”.

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Tanto el ruido como el silencio tienen la magia de entrar en nuestras entrañas. El ruido para hacernos daño y el silencio para sanarnos.

Saber utilizar el silencio es tener a la mano una herramienta que proporciona salud.

Si el sonido y la acústica es un puente que nos comunica con el mundo exterior, el silencio es la vía para conectarnos con nosotros mismos y explorar en nuestro interior la fuente de todo bienestar.

El silencio es  campo fértil para la neurogénesis o la creación de nuevas células cerebrales, también facilita la sinapsis y por tanto mejora la memoria,  por eso los científicos dicen que el silencio es la mejor forma de restablecer el cerebro.

El neurosicologo Leo Chalupa dice que un día completo de absoluto silencio ayuda a regenerarse el cerebro. En una prueba con ratones sometidos al silencio por 2 horas se desarrolló nuevas células en su cerebro y se produjo una activación del hipocampo.

El silencio forma parte de toda actividad humana. Thomas Carlyle dice: “El silencio es el elemento en el que se forman todas las cosas grandes”   Una obra musical es más hermosa si está entretejida de silencios. El orador usa el silencio para darle más fuerza a sus palabras. Es más productivo el que observa silencios en medio de su labor que aquel que trabaja sin descanso.

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La práctica del silencio hace que se disminuya el número de las pulsaciones, mejora la circulación sanguínea, reduce la presión arterial alta, evita problemas cardiovasculares, funciona mejor su metabolismo, fortalece el sistema inmunológico. Nos ayuda a superar  problemas emocionales. Comer en silencio mejora la digestión. Con unos pocos minutos de silencio diario podemos curarnos de jaquecas y dolores de cabeza. El silencio mejora la calidad del sueño.

La utilización del silencio disminuye los niveles de cortisol,  hormona provocada por una sociedad estresada que no ha sabido  manejar sus emociones en el acelerado ritmo de los tiempos actuales.

En el  silencio fluye la creatividad,  escritores, poetas y músicos se han inspirado en el para elaborar sus mejores composiciones. Los inventores, los místicos, los oradores, los artistas han encontrado en el silencio un espacio para alcanzar el éxito.

 Cuando alguien tiene que tomar una decisión difícil, o hacer una elección para el resto de su vida como definir su carrera profesional, casarse, hacer una compra importante, instalar un negocio, etc. en el silencio puede encontrar una mayor claridad mental para hacer la elección adecuada.

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Los Grandes Mensajeros de todos los tiempos buscaron en el silencio la iluminación.  Los movimientos teosóficos de la edad media aconsejaban a sus adeptos retirarse 10 minutos diarios a un lugar donde puedan guardar absoluto silencio.

Existe una terapia extraordinaria que se practica en los monasterios taoístas y tibetanos y se llama el templo del silencio, ingresar en él es abstenerse de hablar por un tiempo determinado, esto hacía que el monje fortalezca  su palabra, tenga mejor control sobre su temperamento, sea más prudente y más sabio.

Para adoptar este hábito excepcional de guardar silencio  debemos elegir un lugar adecuado, en la casa, oficina, etc., una hora fija todos los días, y una actitud de interiorización.  Ayuda si lo acompañamos con la respiración.

Incorporemos a nuestra vida el silencio, sigamos el consejo de los libros sagrados que dicen: “El sabio habla poco y el inteligente se sabe controlar. Hasta un necio pasa por sabio si guarda silencio”

Bien llegados

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