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ENTRE LA LENTITUD Y LA VELOCIDAD 

por: VIPAS

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Vivimos en una sociedad embelesada por la velocidad, mientras más rápido hace las cosas experimenta una sensación de plenitud exótica mezclada con una cuota de estrés. La velocidad se ha convertido en una cualidad sine qua non de la gente exitosa. De esta forma la lentitud es catalogada como signo improductivo, de retraso y de vejez.

Sin embargo una velocidad incontrolada puede llevarnos al colapso y una lentitud malsana puede llevarnos a la decrepitud.  La solución está en el equilibrio.

El mundo que nos rodea nos incita a la velocidad, nos ofrece viajes relámpago, comida rápida, internet rápido, carreras cortas, profesionales a la velocidad, aprenda idiomas en pocas semanas, la moda rápida, casas prefabricadas la armamos en pocos días, adelgace en una semana, etc. etc.

El problema surge cuando el ser humano pierde el control de este ritmo de vida frenético, entonces aparece el estrés, el cansancio y la enfermedad. Aumento de la presión arterial, del colesterol malo. Mayor riesgo de enfermedades cardíacas, obesidad, dolores crónicos como migrañas, cefaleas, tensión muscular, problemas gastrointestinales, deterioro de la salud mental, insomnio, bajo nivel laboral,  tensión familiar…..

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En este ambiente incontrolable la persona se va deshumanizando, no le queda tiempo para preocuparse de su crecimiento personal, de su familia, de sus amistades, de sus más nobles aspiraciones, se convierte en un títere, en una máquina, en un robot, se aparta de su naturaleza primordial que es ser feliz.

En Italia en la década de 1980  la comida rápida empieza a remplazar a la comida de casa, con el consumo de  snaks, papas fritas, macdonalds,  hamburguesas,  hot dogs,  coca cola, etc. causando estragos en la salud de los consumidores. Como una protesta a este acelere gastronómico enfermizo nace el movimiento SLOW que aboga por recuperar el ritmo natural de las cosas: desde el tiempo requerido para cocinar un buen plato a la forma de viajar o de leer un libro” dice esto el escritor Francesc Miralles,

Esto ha motivado para que otros estamentos de la sociedad se les unan y protesten contra formas de rapidez no saludables.

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Entonces aparece la slow fashion o la moda lenta en oposición a la moda rápida  que incita a comprar ropas con la misma frecuencia que aparecen los nuevos modelos de temporada y de mala calidad que no duran mucho, obligando a los usuarios a entrar en la compra frecuente de los nuevos modelos de ropa.

Detrás de esas prendas baratas hay un acelere de vida de las personas que la elaboran. La China, la India y otros países asiáticos han convertido a los trabajadores de costura en esclavos sometidos a la más dura explotación. Por tanto debemos comprar ropas que no pasen fácilmente de moda y que sean de buena calidad.

El movimiento slow también se aplica al campo financiero, en el sentido de que se debe administrar sabiamente el dinero para no ser víctimas del mundo consumista.

El movimiento Slow está de acuerdo que el ejercicio físico es importante para la salud humana. Mas una persona común y corriente no puede convertirse en un atleta de alto rendimiento en pocos días. Debe seguir un proceso pausado para evitar lesiones.

Hay turismos de 2 o 3 días saturado de actividades en donde el turista regresa más agotado de lo que se fue. El turismo Slow propone un espacio en donde el turista pueda disfrutar con tranquilidad y sin prisas de los programas recreativos propuestos.

La educación slow  es una alternativa a los cursos profesionales demasiado rápidos en donde lo importante es el título y no la eficiente preparación técnica y práctica del estudiante. Frente a una medicina veloz que dedica solo unos minutos al paciente para diagnosticarle y formularle, la medicina slow se presenta como una terapia más humana, holística, en donde se pueda descubrir las raíces de las dolencias y proporcionarle una solución adecuada a los exiges de salud

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El movimiento slow da más importancia a la calidad que a la cantidad de cosas que se puedan hacer.

No se trata de que todo sea lento, la velocidad no es mala pero hay que saber en qué momento correr, en que momento ir lento y en que momento parar.

Lentitud es hacer cada cosa a su propio ritmo, es darle más atención a lo que estamos haciendo, es disfrutar de un aquí y un ahora.

Hay actividades que nos relajan, nos desaceleran, por ejemplo desconectarse de las redes sociales, leer un libro,  escribir un diario, hacer 10 minutos de silencio al día.

Comer despacio, masticar mínimo 33 veces cada bocado de comida.

Hablar moderadamente, despacio, vocalizando, modulando las palabras.

Ver con detalle las cosas que se encuentran en  nuestro entorno. Disfrutar de lo que veo, de lo que oigo de  lo que huelo.

 Practicar ejercicios de movimientos lentos como el yoga, el taichí, el chikung.

Dentro del taoísmo se enseña un tipo de ejercicios llamados runas roca, que son como  ejercicios en cámara lenta en donde se requiere de un gran esfuerzo  con resultados extraordinarios para la salud física y mental. Aliméntese de una forma natural, consuma más frutas, verduras, frutos secos, productos integrales… Un cuerpo saludable está en mejores condiciones de manejar los ritmos del movimiento

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Hay quienes se dan un año sabático, que es salir  de la vida rutinaria de trabajo para dedicarse a sí mismo, aclarar objetivos, retomar fuerzas y continuar sus actividades.

Hoy hay el turismo monacal, monasterios a donde van los visitantes que quieren pasar uno o varios días  viviendo los hábitos y las costumbres de los  monjes o de las monjas de ese lugar. Allí hacen un pare a sus actividades y se reconectan consigo mismo. Uno de los más cotizados para esta actividad es el monasterio taoísta en el departamento de Santander en Colombia.

Hace cuanto que no disfrutamos de un paisaje, del canto de los pájaros, de una bebida caliente en compañía. No nos dejemos llevar por las prisas de los demás. Es de sabios hacer un alto en el camino para mirar hacia dónde vamos, para reparar fuerzas, para reflexionar y continuar siempre adelante.

Bien llegados

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